Èsú como el punto de escucha del sistema de adivinación de Ifá
para hacer que se cumpla la profecía del oráculo.


Tenemos que considerar que si toda adivinación prescribe un sacrificio a Èsú, aun cuando a otra divinidad también haya que ofrendarle, y conociendo que la principal función de Èsú consiste en mutilar y obstaculizar cualquier situación a aquellos que no le reconocen y sacrifican. Sabemos entonces que Èsú está al tanto, como parte activa, de todo lo que nos advierte el oráculo y solo acatando responsablemente lo que nos indica la prescripción, él permitirá que se cumpla la profecía de Ifá, bien sea porque la solución está en sus propias manos o porque despeja el camino a la deidad encargada de ayudarnos para que esta pueda trabajar sin dificultades a nuestro favor.

Veamos seguidamente una historia del odu Idí Meyi que aclara al respecto.

Cuando al fin sentó cabeza, Idí Meyi tomó algunos auxiliares que lo asistieron en sus trabajos de adivinación. Entre ellos estaban:


Dimi Dimi Barakata
Oron Gbinrrin Gbinrrin
Okuku Gbinrrin
Agada Bule Are Re Jo
Fo Un Ba Koje.


Juntos trabajaron para el ciego y el cojo que eran muy pobres. Ellos fueron a Idí Meyi para que les ayudara y este les dijo que tenían que ofrecer un chivo a Èsú, el cojo había visto previamente la calavera de un chivo en algún lugar. Al no tener idea de cómo iba a sufragar el costo del chivo en pie, fue a buscar la calavera al lugar donde la había visto.

Después se la ofrecieron a Èsú y le prometieron llevarle un chivo vivo cuando tuvieran suficiente dinero para comprarlo. Entretanto, siguieron viviendo pobremente. Para poner fin a sus sufrimientos tramaron suicidarse. Un día, partieron en dirección al río con el objetivo de poner fin a sus vidas. Al llegar, el cojo le dijo al ciego que se tirara primero, el ciego se negó de plano porque no podía ver cómo se llegaba al río; entonces, sugirió al cojo que se lanzara primero, para saber por el impacto al caer al agua, en qué dirección estaba el río. Con esa sugerencia el cojo se arrastró y sacó una figura de barro echa por las hormigas, se movió hacia un banco del río y la echó, esperando así engañar al ciego. Este llamó al cojo varias veces sin obtener respuesta y asumió que se había ahogado. Luego de lamentarse por morir en medio de la pobreza y privaciones empezó a tantear el suelo con su bastón en la dirección en que se había lanzado al río el cojo, al hacerlo iba golpeando con su bastón fuertemente, cuando sintió que había un obstáculo que no le permitía continuar. Seguía golpeando sin percatarse de que eran las piernas del cojo, que, instantáneamente, cobraron vida. El antiguo cojo podía ahora sostenerse por sí mismo.

Como el ciego continuaba golpeando el suelo en dirección al río, le gritaron que un hombre en trance de morir merece hacer un último esfuerzo. Cuando el cojo se levantó, gritó que el ciego había tratado de matarlo y tan pronto como se vio de pie, fue hacia el ciego, quien también había recuperado la vista. En ese momento empezaron a recriminarse entre sí; pero, de pronto, se abrazaron. Por primera vez se marcharon a sus casas completamente restablecidos y buscaron dinero para comprar el chivo y ofrendarlo a Èsú sin tardanza.

Las tres características de Èsú que hemos conocido anteriormente pueden considerarse de primer orden en lo que concierne a esta deidad, porque de ellas se derivan las demás que determinan numerosos aspectos de nuestras vidas.

 

Àború, Àboyè, Àbosíse.

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